- IX - A Salomón llegando a adorar a Astaren, diosa de los sidonios Detente, aguarda, Rey: ¡ah! ¿quién te guía a tan torpe maldad? Suelte la mano la víctima infeliz; ¿qué ardor villano te conduce a tan ciega alevosía? ¿Tú adoras a Astaren? Tú aquesa impía bárbara estatua del sidonio vano? ¿qué es esto, justo rey, digo, tirano? ¿dónde está la fatal sabiduría? Si es que el amor gobierna tus acciones, ¿cómo los ojos cierras al encanto? ¿cómo el saber no vence al ardimiento? Mas ¡ay, y cuánto pueden las pasiones! Pues en tu entendimiento, y siendo tanto, vence tu voluntad tu entendimiento.