- XXX - Exhorta a Cintia a que deje de ser ingrata, poniéndole por ejemplo la recíproca correspondencia de los gatos Mira, Cintia, el poder de aquel dios fiero, que aun hasta el mismo cielo guerra mueve, con duras armas y con vuelo leve, tardo al sanar, pero al herir ligero; advierte más, que de su ardor severo, no sólo el hombre su ponzoña bebe, mas entre crespa escarcha y riza nieve enamora los gatos por enero; mira la miza como lisonjera del mizo atiende a los maullidos gratos, obedeciendo a amor sin pataratas. ¡Ah cruel! ¡Ah tirana! ¡Ah Cintia fiera! Yo no digo que aprendas de los gatos, pero aprende siquiera de las gatas.