- XXI - Un amante, soñando que su dama era muerta, halló, despierto que estaba enferma Soñaba ¡ay dulce Cintia! que te vía; mejor diré que, ciego, te soñaba. Pues si eclipse en tus ojos contemplaba, miento si digo que tu luz tenía. Te soñé muerta, y como no podía, aun en sueños vivir, si te admiraba imagen muerta, el sueño que en mí obraba de la muerte otra imagen me fingía. Resucité del sueño pavoroso, y hallé que enferma estabas; no es tan fiera la pena cruel que en mi dolor se funda; que en mis desdichas vengo a ser dichoso, pues teniendo presente la primera, no pudo darme muerte la segunda.