- V - Habiendo caído el autor a los pies de una dama Dulcísimo veneno de Cupido, bellísima ocasión de mi cuidado, el verme a tu divino pie postrado, no precipicio, adoración ha sido. De tus hermosas iras compelido, yo caí felizmente fulminado; nunca se vio mi amor más levantado que cuando se miró a tus pies caído. A Faetón ha invitado mi osadía si bien más venturoso fue mi vuelo, y entre más soberanos arreboles, pues si a él, que rigió el carro del día un sol le derribó de todo el cielo, a mí fue todo el cielo con dos soles.