- XXVII - Un amante, habiendo gastado mucho en una dama, le pidió el premio de su amor, y esta le mandó a confesar Jamás he quebrantado juramento de cuanto, hermosa Julia, he prometido, y en vuestra gracia debo haber vivido, según la ley de dar, a lo que siento; con palabra con obra o pensamiento jamás me acuerdo haberos ofendido; el daros sólo mi pecado ha sido, y de ese tengo el arrepentimiento. Decid, ¿de qué queréis que me confiese? Porque si es el delito de quereros, mandarme confesar es excusado; pues cuando yo tan gran pecador fuese, por vestidos, por joyas, por dineros, vos me sacáis el alma de pecado.