- XXIII - A un retrato de Cintia, antes de haberla visto Copiado tu esplendor llegué a mirar, adelantando, Cintia, el padecer; y no pudiendo, por fingida, arder, aun fingida la voz, pudo abrasar. Imaginada te llegué a mirar, no imaginando nunca merecer; ¿cómo idolatrará quien llega a ver lo que adoró de sólo imaginar? Toda el alma de mí se enajenó, y a ti sin alma el alma te ofrecí, sin albedrío mi pasión quedó; y así, en amarte nunca te ofendí, puesto que sin mí mismo te amé yo, y tan atento, que era a ti sin ti.