- IV - Queriendo una dama matarle a rigores, él se resiste, hallando poca comodidad en morirse ¿Tantos rigores, di, con un cuitado, porque el diablo te ha dado buena cara? ¿Qué no me quieres? Consecuencia es clara de que ya no es lo hermoso desgraciado. Tan dolorido estoy, tan apurado, viendo tanta impiedad, crueldad tan rara, que de desesperado me ahorcara, si fuera gusto y no fuera pecado. De hoy más, ingrata, trato consolarme, y de tus sinrazones no afligirme, sin querer que mi vida se concluya. Pues si tú prosiguieres en matarme, yo también he de dar en no morirme, y veremos quien sale con la suya.