- XIII - A dos hermanos nacidos de un parto... ¿Qué domino adquirís, constelaciones, allá en la fija luz del firmamento, que puedan de un influjo en un aliento nacer y respirar dos corazones? Repitióse una vida en dos acciones, y de dos voces se formó un aliento, de dos almas fue sólo un movimiento, pues también se imitaron las pasiones. De ver prodigio igual el mar airado, a uno anegó; pero los dos murieron, y unidos a la playa los condujo, como diciendo al cielo el ponto helado: «Yo uno anegué; si entrambos fenecieron, divídase la culpa con tu influjo.»