- XVI - A Porcia ¿Qué pasión, Porcia, qué dolor tan ciego te obliga a ser de ti fiera homicida? ¿O en qué te ofende tu inocente vida que así le das batalla a sangre y fuego? Si la fortuna airada al justo ruego de tu esposo se muestra endurecida, bástale al mal de ver su acción perdida, no acabes con tu vida su sosiego. Deja las brasas, Porcia, que mortales impaciente tu amor elegir quiere; no al fuego de tu amor el fuego iguales; porque si bien de tu pasión se infiere, mal morirá a las brasas materiales quien a las llamas del amor no muere.