- XXXIX - En la muerte de la Excelentísima Señora Marquesa de Mancera De la beldad de Laura enamorados los Cielos, le robaron a su altura, porque no era decente a su luz pura, ilustrar estos valles desdichados. O porque los Mortales engañados, de su cuerpo en la hermosa arquitectura, admirados de ver tanta hermosura, no se juzgasen bienaventurados, Nació donde el Oriente el rojo velo corre al nacer el Astro rubicundo, y murió, donde con ardiente anhelo da sepulcro a su luz el mar profundo, que fue preciso a su divino vuelo, que diese como Sol la vuelta al Mundo.