- XLIX - Jocoso, a la rosa Señora Doña Rosa, hermosa amago de cuantas flores miran Sol y Luna: ¿cómo, si es dama ya, se está en la cuna, y si es divina, teme humano estrago? ¿Cómo, expuesta del cierzo al rigor vago, teme humilde el desdén de la fortuna, mendigando alimentos, importuna, del turbio humor de un cenagoso lago? Bien sé que ha de decirte que el respeto le pierdo con mi mal limada prosa. Pues a fe que me he visto en harto aprieto; y advierta vuesarced, señora Rosa, que le escribo, no más, este soneto porque todo poeta aquí se roza.