- XXI - Prosigue el mismo pesar, y dice, que aun no debe aborrecer tan indigno sujeto, por no tenerle aun así cerca del corazón Silvio, yo te aborrezco, y aun condeno el que estés, de esta suerte, en mi sentido; que infama el hierro al escorpión herido, y a quien la huella mancha inmundo el cieno. Eres como el mortífero veneno, que daña, a quien lo vierte inadvertido; y en fin eres tan malo y fementido, que aun para aborrecido no eres bueno. Tu aspecto vil a mi memoria ofrezco, aunque con susto me lo contradice, por darme yo la pena que merezco. Pues dando considero, lo que hice, no sólo a ti, corrida te aborrezco; pero a mí, por el tiempo que te quise.