- XXIV - Al imperio del amor Huyendo del amor una mañana, sagrado de un laurel, Diana hermosa, hizo, por coronar su intacta rosa, de la Imperial Diadema soberana. Lo supo amor y a la defensa vana opone su deidad maravillosa, y ella que ciego le miró, gozosa su imperio olvida y su poder profana. Amor entonces de su aljaba fuerte sacó una flecha y con rigor lucido dulce le aplica la gustosa muerte. Y le dijo galán aunque atrevido: pues eres Dafne, en el arcón advierte que Cetros y Laureles ha vencido.