- XXVII - El nombre, oh Cintia, que en el tiempo dura, que estima jaspes y epitafios ama, adoraréle yo en mi sacra llama cobra esplendor para la edad futura; que ya, sin esperar mi sepultura, con opinión anticipada fama a la prudente sencillez inflama, ¿quién sabe si a la horrenda envidia apura? Trocadas pues las veces en mi suerte, a mis posteridades sobrevivo. Mas si en tu aprobación no me renuevo, del culto de las artes ¿qué recibo? a la naturaleza ¿qué le debo? ¿qué importan las promesas de la muerte?