- LXI - Si conoces tus menguas, no te adules, Cedro, a ti mismo, y eso que nos dices, dilo allá a los que alquilan sus cervices para mudar bufetes y baúles. Que ya tus gracias, cuanto más las pules, se arrojan en tu voz más infelices que excrementicio humor por las narices sobre esas canas pálidas y azules. Si a las fuerzas penúltimas que guardas para que el paso juvenil prosigan, ignoras el honor que les ofreces; caballos con su ejemplo te lo digan, que ostentaron bozales y jaeces, y ahora rozan jáquimas y albardas.