- CXIII - Al nacimiento de Felipe IV Naces, oh infante, en honra no entendida ni sujeta al arbitrio de la suerte, pues, en fe de que a Dios plugo escogerte para que a la Asia libres oprimida. Como otra esfera celestial movida tu augusta madre por virtud más fuerte, cuando la vida se escondió en la muerte, te pone en los umbrales de la vida. Por tu cetro verá fieles cultores el gran sepulcro, y cobrará su gloria el sacro imperio, ahora profanado. Crece pues, no te usurpe la victoria tu padre, a sus designios obligado, y tú de generosa envidia, llores.