- LXXVIII - Llegó a Guadalajara en este punto, Marqués, donde el clamor de los metales piadosos y las hachas funerales lloran a un duque y lo celebran junto. Al hijo de mis huéspedes difunto saca también la cruz de sus umbrales; que un médico, sin máquinas murales, es aquí otro Aníbal contra Sagunto. Es mi cochero músico y poeta; mas, tal cual es, mirando bien la suerte de dos tan desiguales ataúdes, ahora está clamando, y dice: «¡Oh muerte! Oh mazo de batán, que así sacudes el paño fino como la bayeta!».