- XCII - Mas embravezco al mar, mas inquietos pruebo los vientos cuanto más envío voces al cielo, y al lamento mío responde con más ásperos efetos; mas si llevo estos ídolos secretos, ¿por qué lo espero favorable y pío? ¿guardo, Filis, tus prendas y porfío a pedir paz con votos imperfetos? Osemos pues; ¿qué tiemblas, mano? Intenta ardan las adoradas hebras de oro, su imagen y estas letras de su dueño; que así ronco el piloto en la tormenta, arroja al mar las perlas y el tesoro para librar el combatido leño.