- CIX - Cuelga, Ignacio, las armas por trofeo de sí mismo en el templo, y con fe ardiente espera que las suyas le presente, quien le infunde tan bélico deseo; que así, en dejando al pastorcillo hebreo el real arnés, le dio una fiel corriente limpias las piedras, con que hirió en la frente altiva al formidable filisteo. Salid, pues, nuevo rayo de la guerra, a los peligros, que producen gloria; oprimid fieras, tropellad gigantes; que si al valor responde la victoria, no dejaréis cervices repugnantes ni en los últimos fines de la tierra.