- LVI - Lico, pues Dios los pérfidos permite para azote amoroso de los fieles, y después, como a varas o cordeles ya inútiles, al fuego los remite, Él con sus justos rayos te visite, y chamusque esos cuadros y doseles; y los perfume que lascivo hueles, súbito hedor sulfúreo te los quite. No suene en el relámpago el aviso que a Saulo convirtió, porque tu celo no es, como el suyo, digno de clemencia. Fuiste en la tierra látigo del cielo; y pues muestras negar su providencia, ¿no es bien que te ejecute de improviso?