- CXXIV - Ya he visto, sabio Andrade, por la gloria con que habéis satisfecho a mi argumento, la que disimulada en el tormento responde a la paciencia meritoria; que no pidiendo alivio a la memoria, tregua al furor, ni a la esperanza aliento, desarma y destituye al sentimiento, y entonces se corona de victoria. ¡Oh, qué gran luz nos da nuestra elocuencia de otras virtudes, que blandiendo palmas, ocurren a la fiel tiranicida! No pida pues paciencia, no, a las almas, que absortas deja vuestro canto; pida que en aplauso conviertan la paciencia.