- XIX - Amor, que en mi profundo pensamiento sus nobles fuerzas aprestadas tiene, tal vez armado hasta los ojos viene, de donde a los de Cintia los presento. Mas ella, opuesta al raro atrevimiento, para que en lo futuro se refrene, aquella risa, aquel favor detiene, con que suele aliviar el sufrimiento. Huye a su centro el dulce dueño mío, temeroso y cortés; que no hay sujeto que contra sus desdenes muestre brío. Yo desde rayo, no por el efecto que en los mortales hace, me desvío, mas porque sirve a celestial precepto.