- LXIV - Pues nos va bien con adular, Cratilo, rindamos la verdad a la cautela; que en sus aplausos la virtud se hiela sin que nadie la abrigue con un hilo. Tu príncipe al Salustio y al Tranquilo prefiere el gusto de una nueva tela; y suélese reír cuando la escuela pondera las grandezas de su estilo. Oh, dueño de las cosas, ignorancia, ampara a dos filósofos ayunos, que a la virtud queremos oponernos, dispuestos a no ver libros algunos sino de los poetas más modernos: tanto podrá el olor de la ganancia.