- LVIII - Por verte, Inés, ¿qué avaras celosías no asaltaré? ¿Qué puertas, qué canceles, aunque los arme de candados fieles tu madre, y de arcabuces las espías? Pero el seguirte en las mañanas frías de abril, cuando mostrarte al campo sueles, bien que con los jazmines y claveles de tu rostro a la aurora desafías; eso no, amiga, no; que aunque en los prados placido iguala el mes las hierbas secas, porque igualmente les aviva el seno; con las risueñas auras, que en jaquecas sordas convierte el húmedo sereno, hace los cimenterios corcovados.