- XLVI - Cremes, regala a Lice, y no celebres su nombre en verso, o quema tus papeles. Envíale una liebre, como sueles; aunque, según Marcial, ¿a qué fin liebres? Mucho tiempo ha que pasas esas fiebres, de que en ellos frenético te dueles, desde que le arrojaron los broqueles (ya sabes quién y adónde) a Mos de Gebres. Calla, enfadoso padre, así se halle docto herbolario, que convierta un cobre la plata hilada que tu barba cría. Tú, buena Lice, ruégale que calle; así una liebre de las que él te envía en tu figura sus efectos obre.