- LXXXV - También adula, Nuño, la tardanza, porque ni las promesas verdaderas te dan el mismo bien que consideras, ni él dura más del punto en que se alcanza. Tú pues, en prevención de su mudanza mitiga la opinión con que lo esperas, que opinión de alegrías venideras es esto que llamamos esperanza. La lenta diligencia en los frutales acreditada crece en sus tributos, obras del cielo sólidas y expresas; que aun la fidelidad de aquellos frutos lo muestra, cuando él libra sus promesas, único autor de efectos puntuales.