- XXIV - Con dura ley tu halago nos aprieta, Cintia, que, en fe de que a esperar nos mueve, descubre en ti que ni una gloria breve quiere que el más valido se prometa. Así a la flor que en real jardín secreta, ni el huésped raro ni el cultor se atreve, la lluvia, el sol y el mismo soplo leve, que juega con sus hojas la respeta. ¿Cuál prevención podrá evitar los daños que obran en las clemencias y favores, lo mismo que en desdenes y mudanzas? No más, benignidades exteriores, pues cuando me animáis con esperanzas, a mejor luz os hallo desengaños.