- CXX - Pues tu gobierno, mi Fernando, imita al de Dios en los orbes celestiales, aunque excluya tal vez las judiciales plumas, venere la justicia escrita; que cuando por su arbitrio la infinita dispensa con las órdenes fatales no les turba los lustres naturales, ni el influjo común desacredita; Ni tú, si la magnánima epiqueya se opone a los derechos que nos rigen, de su ornato purpúreo los desnudes; que, aunque ella tiene altísimo el origen, no ha de pensar que las demás virtudes en su presencia son turba plebeya.