- LXVII - Si aspiras al laurel, muelle poeta, la docta antigüedad tienes escrita; la de Virgilio y la de Horacio imita; que el juglar del vocablo es triste seta. Mas ni el heroico honor de la trompeta, ni la lírica voz tu mente incita; y como es tu caudal de hilo de pita, tus versecillos son de cadeneta. No muestres el envés de los vocablos, ni los recalques en los labios tiernos; que el diablo es bellacón, mas no ignorante. Y pues te ha de llevar a los infiernos ese ejercicio, indigno de un pedante, no fuera malo granjear los diablos.