- XCVI - Ya Mercurio, no es bien que yo te siga con ansia en la mitad del curso humano, cuando tan fiel tu premiadora mano de afán y de ambición me desobliga. Próvida para sí la breve hormiga, allá en sus trojes muerde el rubio grano, porque no arraigue y suba a honrarse ufano del fértil colmo en la segunda espiga. No crezca tu favor; basta que dure; que por ninguno de los trances varios de ambas fortunas irritarme pienso. No anhelo minas, ni codicio erarios, sino una alegre mies y un firme censo, que estos últimos ocios me asegure.