- CXIX - Hoy, real Señora, hasta la empírea esfera sube en las alas de tu afecto el oro, con tal fe, que al del místico tesoro que en Belén se ofreció, emular pudiera; fe, a cuyo aplauso en la región primera las angélicas mentes forman coro, para anunciar con júbilo sonoro la sucesión que el orbe de ti espera. El mártir, cuya fiel sangre revive, infunda, pues le invocas. el aliento que inspira en su prodigio, en tu esperanza; que ya naturaleza al dulce intento de compensar con frutos su tardanza, los términos geniales apercibe.