- LXXXII - Yo, aquel en cuyo insuficiente estilo la verdad injuriada oyó el consuelo que en mi mente infundió benigno el cielo para tener el ánimo tranquilo; Ya fuego exhalo, lágrimas destilo, y contra mis preceptos me rebelo; rabio al fin, y en la furia de mi celo nuevos cuchillos de venganza afilo. ¡Que el valor ceda, y venza el brazo astuto! ¿Qué es esto, celestial Sabiduría? ¿Es la virtud no más que un nombre vano? Mas ya tu resplandor me muestra pía; haz que este afecto que me turba humano, de su calamidad no pierda el fruto.