- LVII - Pon, Lice, tus cabellos, con lejías de venerables, si no rubios, rojos; que el tiempo vengador busca despojos, y no para volver huyen los días. Ya las mejillas, que abultar porfías, cierra en perfiles lánguidos y flojos; su hermosa atrocidad robó a los ojos, y aprisa te desarma las encías. Pero tú acude por socorro al arte, que, aun con sus fraudes, quiero que defiendas al desengaño descortés la entrada; con pacto (y por tu bien), que no pretendas reducir a ruinas ser amada, sino es de ti, sí puedes engañarte.