- CLV - A Felipe IV que entró en un convento de monjas y le ayudó el patrón Qué mucho que en tus lámparas, oh Vesta, la casta luz tus vírgenes desamen, si en una tiene concubina el flamen, fuego vecino por lo menos tuesta. Y ella hace ostentación de tan honesta, que siempre que ante Séneca la llamen pasará sin temor por el examen de recoger el agua en una cesta. ¿Es posible que al cómplice estupendo le admitan sin horror las aras pías que han recibido de él tantas injurias? A Júpiter al fin yo no lo entiendo: él castiga con rayos niñerías y solapa sacrílegas lujurias.