- XCIII - ¿Será posible que a mis manos muera el león que me oprime interiormente, y que en mí su despojo represente la victoria segura y postrimera? Del león a quien dio la muerte fiera Alcides, se vistió la piel valiente, y el mejor yelmo que aplicó a su frente fue la cerviz y dientes de la fiera. Y ¡qué! ¿no podré yo de este deseo, nuevo Alcides, vengarme, siendo cierto que creció por mi débil resistencia, y, entrando en nueva guerra, andar cubierto de su acuerdo feroz y de experiencia el vencedor a un tiempo y el trofeo?