- XLIV - Ni soles, oh tahúr, luna sin auroras te han visto soñolientas las pestañas; tu estado espira, al sucesor engañas, pues tu fe y su esperanza le empeoras. Tu abuelo en esas tenebrosas horas que velas tú, jugando sus hazañas, armado, por difíciles montañas pasaba sus escuadras vencedoras. Sabe que la nobleza es sucesiva más por nuestra opinión que por su efeto, y sin virtudes nunca meritoria. ¿Qué acuerdo tomas pues, oh indigno nieto, sabiendo que es ajena aquella gloria que del valor ajeno se deriva?