- LVII - Sin que contraste la humildad profunda, con que huyó de la gloria humana Diego, hoy ve altar en su nombre, y arder fuego, de donde grato olor a Dios redunda. Él, que dio humilde el cuello a la coyunda, y fue del siglo vano oprobio y juego, vedlo gozando celestial sosiego, y cómo de riqueza eterna abunda. Póstranse las Coronas y Tiaras a donde puso la desnuda planta, y cumplen peregrinos votos sacros. Vivo no osó tratar la santas Aras, y muerto, Dios sobre ellas se levanta, en eterna memoria y simulacros.