- XXXIV - Recibe, oh sacro mar, una esperanza, a cuya causa pueblos mil devotos están hoy ofreciendo justos votos, porque la restituyas con bonanza. Reducid, fieros vientos, a templanza vuestros desordenados alborotos; dad ocio, no experiencia, a los pilotos; vuestra quietud usurpe su alabanza. Del poderoso Carlos la alta popa sienta vuestro favor, y en su deseo concurrid con España y con Saboya. Con esto enmendaréis el caso feo de haber dado al adúltero de Troya pasaje favorable contra Europa.