- XII - Si de correr opuesto al claro oriente, Ebro, te precias con tus ondas frías, hazlas seguir a las querellas mías; que atrás queda mi sol resplandeciente. Con lágrimas aumento tu corriente, y de quien es la causa las desvías; cruel, ¿por qué tributo al mar envías de lo que doy a Filis inclemente? Pero con esto enseñas ser lo mismo llegar al sordo mar que a su presencia, y que no produjeran otro fruto; pues no se echa de ver en el abismo de su crueldad mi llanto y mi paciencia, como en ese tampoco tu tributo.