- II - En vano se me oponen las montañas con nuevos riscos de cuajada nieve, y en vano el Aquilón sus alas mueve, derribando cortijos y cabañas, que el fuego que yo traigo en mis entrañas bastará a derretirla en tiempo breve, y si a luchar con él mi fe se atreve, no será la mayor de sus hazañas. Y si un hombre triunfó de su violencia, pasando por los Alpes las banderas, que llevaron a Italia muerte y luto, no hallarán las que sigo resistencia; que son de un Dios que abarca las esferas, terrible, vengativo y absoluto.