- XIII - Jamás salidos en el mar de oriente de blancas conchas los preciosos granos (por más que adornen sienes de tiranos, o de alguna cruel la hermosa frente), tuvieron el lugar que amor consiente que hoy mis lágrimas tengan por sus manos; es tal, que de los dioses soberanos fue visto y envidiado dignamente. La misma Venus las recoge, e hizo entre ardientes rubís divino adorno, el cual tejió con sus cabellos largos. Vióse, y tanto de sí se satisfizo, que a vencer se atreviera sin soborno, aunque juzgaran Menéalo y Argos.