- XIX - Severamente al pensamiento pido de todos sus discursos cuenta estrecha, para ver si dio causa a la sospecha por que con tal rigor tratado he sido. Ninguna culpa hallársele he podido; mas ¿de qué si inocencia me aprovecha? que no quedando Filis satisfecha, el castigado soy y el ofendido. Aprueba y dobla el daño mi paciencia, pues no puedo quejarme de su furia por no culpar ni resistir su gusto. Y así, vengo a saber por experiencia que no hay dolor que iguale al de una injuria hecha con nombre de castigo justo.