- XXXII - A muerte inevitable amor me lleva, por más que justifico mi deseo y hace la empresa fácil; que bien veo que es sólo por hacerle que se atreva. Porque, ¿quién me asegura que no mueva (si este fácil y justo bien poseo) otro injusto difícil devaneo y, al fin, de su poder la última prueba? ¿Sólo en mí torcerá de su costumbre? O no pudiendo agora defenderme, ¿podré cuando de mí triunfe el tirano? Ya temo su terrible servidumbre, si algún desdén no viene a socorrerme; fácil remedio si se da temprano.