- XXVII - A una dama bizca Vista la redondez del hemisferio y que un gobierno sólo no bastara, dividieron el cetro y la tiara, y en dos partes partieron el imperio. Este partir, que no fue sin misterio, hermosísima bizca, nos declara la perfección que vemos en tu cara, ocupada en diverso ministerio; porque así como el mundo fue decente, para tener los súbditos delante, repartir las potencias y la gente, así, señora, es bien que en un instante con el un ojo mires al poniente y con el otro mires al levante.