- LIII - En fin, en fin, tras tanto andar corriendo, tras tanto variar vida y destino, tras tanto de uno y otro desatino, querer todo abrazar, nada cogiendo; tras tanto acá y allá, yendo y viniendo, cual sin aliento inútil peregrino, ¡oh Dios!, tras tanto error del buen camino yo de mi propio mal ministro siendo, hallo que al fin ser muerto en la memoria del mundo es lo mejor que en él se esconde, pues es la paga de él muerte y olvido; y en un rincón vivir con la victoria de sí, puesto el querer tan sólo adonde es premio el mismo Dios de lo servido.