- XXI - Yo vivo de un engaño y otro engaño en las horas prolijas de esta ausencia, y quiere que le deba mi paciencia lo que sí resistiera un desengaño. Ahora, ¿qué haré, triste, que de un daño, jamás temido, temo la experiencia, y no le son engaños resistencia, con que yo me defiendo y acompaño? Yo moriré, yo moriré sin duda, si el mal me acometiere que sospecho; mal que no hay pecho humano que no asombre; mal que al nombrarlo está mi lengua muda. Ved como sufrirá su esencia el pecho, si ella sufrir no puede sólo el nombre.