A Cristo Cansado estoy de haber sin Ti vivido, que todo cansa en tan dañosa ausencia. Mas, ¿qué derecho tengo a tu clemencia, si me falta el dolor de arrepentido? Pero, Señor, en pecho tan rendido algo descubrirás de suficiencia que te obligue a curar como dolencia mi obstinación y yerro cometido. Tuya es mi conversión y Tú la quieres; tuya es, Señor, la traza y tuyo el medio de conocerme yo y de conocerte. Aplícale a mi mal, por quien Tú eres, aquel eficacísimo remedio compuesto de tu sangre, vida y muerte.