Soneto Cercada está mi alma de contrarios; la fuerza, flaca; el castellano, loco; el presidio, infiel, bisoño y poco; ninguno los pertrechos necesarios; los socorros que espero, voluntarios, porque ni los merezco ni provoco; tan desvalido que aun a Dios no invoco, porque mis consejeros andan varios. Los combates, continuos, y la ofensa; los enemigos, de ánimo indomable; rotas por todas partes la muralla. Nadie quiere acudir a la defensa... ¿Qué hará el castellano miserable que en tanto estrecho y confusión se halla?