- LIII - Que de años ah Señor que fugitivo me trae de vos medroso mi pecado, en veros tantas veces arrastrado de tan inútil libertad cautivo. Ya que piadosamente vengativo por prisión este lecho me habéis dado no me dejéis en él desamparado cadáver sólo a los tormentos vivo. Pues ni seguiros puedo ni buscaros sin vos, Señor volved a defenderme de mis más interiores enemigos. Yo sé que cumplo sólo con llamaros, de que estáis obligado a responderme vuestras misericordias son testigos.