- XXXI - «Selvas pues de vosotras me destierra, la dura enemistad de la Fortuna, a quien es mi quietud tan importuna, que no halla paz sin procurarme guerra. Y la Corte en su número me encierra sin esperanza o pretensión alguna, no pidamos constancias a la Luna, ni vagos movimientos a la Tierra.» En vuestros troncos defended incultos las que al partirme de mi afecto emprendas esculpidas deje ciertas verdades. En tanto que en los Áulicos tumultos, y estruendos de Causídicas contiendas vivo yo como en vuestras soledades.